La Navidad,
como todo en esta vida, tiene su parte buena, y su parte jodida, tiene cara y
cruz. Por ejemplo, en estos momentos todos adoramos al niño, la mula y el buey
no, porque ha dicho el Papa que no estaban, y si lo dice el Papa, que es infalible y además es
alemán, hay que hacerle caso, sin duda. A cambio, los reyes magos son
andaluces, ¿lo veis? Es la cara y la cruz, nos quitan la mula y el buey, y eso
es jodido, pero nos ponen reyes magos andaluces, y eso, indudablemente es
genial. Lo que ocurre es que en lugar de oro, incienso y mirra, lo que
realmente le llevaron fue aceite de oliva, espetos, y un buen gazpacho andaluz, además
de musho arte quillo.
Si, toda la
vida pensando que las cosas son de una manera, y ahora resulta que son de otra,
y claro, como lo dice el Papa, que es infalible y además es alemán, ¡Cualquiera le contradice!
Y ahí está
el niño, todo feliz, pues todos le aman le cantan, le sonríen, y le traen
presentes. Sin embargo, le miro y la tristeza invade mi alma, pues
inevitablemente el niño crecerá, e inevitablemente expresará sus opiniones, que
inevitablemente chocarán con las normas establecidas, y el niño que hoy inunda
nuestros hogares de felicidad, dejará de caernos bien, nos parecerá incomodo,
políticamente incorrecto, y más pronto que tarde, en nuestras calles se
escucharán tambores que anuncian su pasión y muerte.
Es la
naturaleza humana, es la cara y la cruz, es el inmovilismo, nos sentimos
seguros en nuestros planteamientos y cualquier otro planteamiento amenaza
nuestro status, o nuestro “prestigio”, o nuestra “buena imagen”, nos negamos a
abandonar nuestra zona de seguridad.
La cruz es
inevitable, pues ha osado expresar lo que siente, ha osado defender sus
principios y obrar en consecuencia, ha osado desafiar al poder establecido. En definitiva.
¡Ha osado ser aútentico!
¡Pero quién
se cree que es, sólo es el hijo de José el carpintero! ¿Cómo se atreve a
hablarnos así? Imperdonable. ¡Debe morir!
Morir es
jodido, y si sólo mueres una vez, vale, tiene un pase, pero el niño es tozudo,
está convencido de que la esencia del ser humano es buena, y cada año, nos ofrece una
nueva oportunidad, para ser mejores, para madurar, para aceptar que todo es
mejorable, para evolucionar.
Mas…
inevitablemente, la historia se repite cada año, por eso no puedo contener mis
lágrimas al contemplarlo, inocente, confiado, feliz. Él me sonríe, y eso me
desconcierta, mas… un pensamiento asalta mi mente: Él ya sabe que todo esto
sucederá, sin embargo, a pesar de ello, cada año, apuesta por nosotros, cada año, nos ofrece una
nueva oportunidad.
FELIZ
NAVIDAD.
Paco
González García.
No hay comentarios:
Publicar un comentario